COLOMBIA

RIN RIN RENACUAJO: LOS ENVIDIOSOS DIRÁN QUE ES PHOTOSHOP

July 24, 2018 - 6:50 pm by: CriolloGlam

Si hay algo peor que un hombre mal vestido, es uno; convencido de todo lo contrario…

 

Esperar conseguir  ‘lo mejor del universo sartorial masculino’ en Colombia no es tarea sencilla, aunque claro, siempre los habrá: estos grandes exponentes “de una acaudalada generación de profesionales”  (del más alto perfil), quienes nos deleitan con sus muestras de tan elevado estilo y sentido estético,  además resulta que se echan a cuestas la tarea de evangelizar en cuestión de estilo a esta nación donde somos todos indios; y en donde con corona imperial puesta, al mejor estilo europeo, ya quisieran ellos al menos llegar a  cacique.

Con el concepto de estilo enviciado y con una oferta para hombres de limitada expansion, si las aguas de la moda masculina tienen un carácter manso en el mundo entero, el renacuajo nacional  está estancado en un putrido fango dentro del que considera nada con gracia divina, quizás, porque a veces lo que le contiene es un tipo de piscina inflable que pudo comprarse en el exterior.

Y es que el estilo y la moda permiten que nos reconozcamos, y menos mal, también que nos diferenciemos. De la casta más primitiva, a la clase generacionalmente más elevada (Las monarquías), al colombiano que suele desechar la humilde proveniencia y siempre optará por enaltecerse: solo hay que ver lo que implica ser un chibchombiano ‘divinamente’ para vernos lagartear y arrastrarnosle a cualquiera que  ponemos en un altar, tenga titulo real o simplemente sirvace un trago fino, para no ir tan lejos.

       Abelardo de la Espriella es el máximo exponente del hombre mal vestido convencido de lo contrario, de la fantochería y la triste fachada.

 

Porque no es un secreto que las casas de lujo no se mantienen gracias al dinero viejo, sino al nuevo: nuevas generaciones  que tienen (eso si gracias a papito Dios con que)  que validarse a través de estéticas que demuestren que tan aptos son, o al menos sus bolsillos, en la eterna  guerra por la supervivencia, hoy de cara a un mundo lleno de desordenes mentales y repunteante capitalismo.

Obra de Gucci Gohst artista que además colaboró creando para la marca en sus colecciones del 2017

 

Y así como las niñas sueñan con ser princesas, estos niños sueñan con ser príncipes (potentados): con carruajes de alta gama, ojalá dorados,  trajes llamativos a falta de heroicas condecoraciones, y sus joyas (que ahí si muy a pesar de un cacique como el del Dorado digamos) se reducen a relojes de gran cuantía y, por supuesto gran formato.

;);)

 

Entonces uno se encuentra con personajes que no conocen el valor real del lujo, noción de lo austero, y cuyo poder de evidenciar y de enviciar, llegan a afectar hasta el concepto del estilo mismo, (y hay quienes les creen). Como burgués medieval que a punta de billete aun pelea por tener corona… (porque al 2018 no hay mayor abolengo que el ingles, no por nada Londres es la casa favorita del DINERO en el mundo)  Y en esta  época de fortalecimiento monárquico y  de bodas reales, este renacuajo paseador, al que le va más ir de tapa rabo, aspira a ser ‘Prince William & Harry’,  ojalá los dos en uno. Una parodia: muy tieso y muy majo (de camisa almidonada correctamente vestida con cinturón), pantalón corto (salta charco literal, que resalte mocasines de monograma y chillona paleta), corbata a la moda (usualmente de exagerada y sobre dimensionada estampa o, en su defecto con un patético corbatín) y chupa de boda (trajes a la medida). Donde lo único pulcro es que las lineas en la tela del hombro encajan a la perfección con las del brazo, pero ausente de todo lo demás… Salvo eso si, quizás, también de inexorable gusto por los caballos, ‘que a veces piden meter en la piscina, cuando quieren jugar “guater polo”‘.

 

Esto si es glamur, jamás criollo.

 

Pero estos autoproclamados del buen vestir (convencidos narcicistas), cometen en este plano el pecado mayor,  precisamente al creer que son abanderados de la moda y el buen gusto (lo que su entorno más cercano corrobora y válida en compartida ignorancia estilística), mientras sus elecciones sartoriales  los hacen cruzar la fina linea de la elegancia, ubicándolos en este, el plano fabulístico y que ellos certeramente confunden con fabulosidad.

Streestyle a las afuras de Pitti Uomo, la muestra de moda masculina que se celebra dos veces al año en Florencia; hombres de los que se acuña el concepto por su pavoneo y exhibicionismo de sastrería. Creemos que el renacuajo anhela en lo más profundo ser un ave europa…

 

A diferencia del pavo real italiano sartorialmente exótico y altamente reprochable, (además también de mostrar demasiado el pañuelo) el renacuajo colombiano carece de presencia escénica,  carece por completo  de habitat ‘natural’,   y eso hace que se refuerce que su apariencia siempre estará en el lugar equivocado. Como toda ilustración del renacuajo de tan ilustre cuento, nuestro espécimen además no sabe como acomodarse para que le aprecien su (desfachatada) selección (dónde encaramar más la pata), o como abrirse la chaqueta para deslumbrarnos (con su chapa, claro, porque en su humanidad eso es de lo poco que les brilla)

Su puesta en escena es un pretexto, una distracción encaminada a enaltecer “los simbolos de status que lleva encima y toda la clase media/acomodada quisieramos tener”: que ellos consideran raiz del buen gusto. Su psiquis está en ponerse por encima, en un despliegue adquisitivo que pretende convertirse en el ejemplo a alcanzar de otros que “como no podrían proyectarse en tan codiciada vida”. Su habitat natural suele verse tan plástico, genérico y falto de espíritu como él, o como los aleccionadores consejos de vida que acompañan sus imágenes  y van  con tanto de largo como de superficial, cargados de narciso-espiritualidad y un palpable enganche mercantilista en #hashtags de empoderamiento (la palabra más trillada del momento) y superación personal.

 

“La naturalidad y espontaneidad”

 

Pero “señor renacuajo aflójese un poco chaleco y corbata,
y yo mientras tanto le voy a cantar una cancióncita muy particular…”:

Aunque está bueno aclarar que entorno al estilo no existe una  verdad absoluta, ni un “solo gran estilo” o algo tan reduccionista como el buen o mal estilo. Los estilos son tan multiples y variados como las personas mismas y mientras todos nos conmesuramos únicos y originales, queremos pertenecer también a un grupo y reconocernos en otros (preferiblemente un grupo poderoso). Así campantes vamos con una  actitud  tan afanada por poseer el gran don del estilo agraciado,  por vernos circunscritos en esas poderosas sectas de personas con poderosos halos, que es precisamente eso lo que no nos deja alcanzarlo: las fachadas.

Para tener lo que se considera un estilo personal  valioso, personalmente hay que pasar por un proceso de ensayo y error en el que uno va reconociendo su humanidad y su estado natural absoluto: reconocerse en otros, en tiempos que no ha vivido, movimientos sociales, culturas, música que no entiende y conocidos o personajes que jamás cononocerá, materials, siluetas y si, marcas… En tantos elementos disonantes o  complementarios que se filtraran en la mejor version de una amalgama de  proporciones, colores, texturas o volúmenes, que como cuando uno sabrá,  llevan un pedazo suyo en ellos y permitirá que nos comuniquemos a través de  sus lenguajes y sus signos,  y sin importar si el resultado es ir de pies a cabeza de negro o mezclar el leopardo con morado, esa aura de honestidad con uno mismo es lo que les otorgará el tan anhelado ideal, pero sobre todo les llenará de verdadera actitud:  y es que la actitud, no la que quiere ser más, o a veces nos hace sentir menos,  ni la que se esta encasillando para otros, sino ese ser,  resultado de ese proceso de difícil y continuo reconocimiento siempre será acertado con sus selecciones, e  intrínsecamente siempre tendrá el tan sobrevalorado don del estilo. Y es por eso que tienen tanto y tan grandioso estilo  la cualidad natural y honesta de un campesino que cultiva  en Africa como lo tiene un Principe monegasco.

A diferencia de nuestros renacuajos que se creyeron el cuento que se iban a convertir en principes. Por eso lo menos importante  con la elegancia, el buen gusto o  el estilo, resulta ser las  forzadas fachadas, el precio de los elementos que les componen y las puestas en escena tan tristes con las que convencidamente se creen capaces de adoctrinar en estos temas, porque como en este cuento  (y aquí entre nos, innegablemente siendo los más estileros del universo animal)  hay gatos que de umbral en umbral están prestos a hacerles su juicio final…

Tristemente también como en el cuento de Rafael Pombo terminaron en boca de ‘pato’.

 

 

 

 

COMENTARIOS